Trayectoria Artística
El Velázquez malagueño

Nadie diría que tiene 80 años. Este andarín y vivaracho artista es un enamorado de la pintura de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599-Madrid, 1660). Habla con verdadera admiración de este pintor de cámara del rey Felipe IV, al que lleva estudiando más de siete años y dedicando todo su tiempo a plasmar en lienzos sus principales obras.

Salvador Cobos Lozano (Málaga, 27 de marzo de 1930) siempre se sintió atraído por la pintura. A los 7 años entró en la Escuela de Bellas Artes que había donde hoy está el Ateneo. «Me dijeron que era muy pequeño». Para él fue un revés. No obstante, perseveró en su empeño y poco a poco ha ido formándose como pintor. Quizás tuvo algo que ver que fuera bautizado en la iglesia de Santiago, en el mismo lugar donde lo fue Picasso.

Su inquietud artística la ha compaginado con los trabajos más diversos: peluquero, vendedor de materiales de construcción en Félix Caballero, en Sofico... Pero una vez jubilado y, por tanto, apartado de su vida laboral, disfruta con lo que más ha deseado: pintar. En su estudio de la calle Zegrí empezó hace siete años el reto de copiar las obras de su artista favorito.

Inauguración del Picasso

El día que los Reyes de España inauguraron el Museo Picasso -colindante con su entonces estudio- puso en la ventana un busto de Velázquez esculpido por él mismo, al que adhirió una cruz de Santiago que siempre llevaba en el pecho el pintor sevillano. Era como una exaltación a la figura de su admirado artista.

Cuando se le pregunta por qué se decidió a copiar a Velázquez, tiene una respuesta rápida: «Porque buscaba lo más difícil para aprender de la forma más fácil». Seguidamente confiesa: «Siempre me ha entusiasmado su pintura».

Tiene 13 obras terminadas. Su último reto ha sido 'La venus del espejo', cuyo lienzo lo ha divido en perfectas partículas para llevar proporcionalmente la pintura del original a la copia. «Desde el primer momento hay que hacerlo académicamente», aclara. En su casa cuelgan 'Las meninas' y 'El aguador', cuadro éste que considera su obra cumbre velazqueña. En una casa mata de Gamarra tiene montado su estudio, y sus paredes están cubiertas por 'La rendición de Breda' -le llevó hacerlo siete meses-, 'La fragua de Vulcano', 'Los borrachos', 'Vieja friendo huevos', 'Jesucristo en casa de Marta', 'La mulata', 'El Cristo crucificado', 'Coronación de la Virgen', 'Las hilanderas' y 'La túnica de José'.

Hasta allí se han desplazado catedráticos de Arte interesados en conocer la obra de Salvador Cobos. «Aquí ha venido mucha gente queriéndome comprar los cuadros, pero yo no los vendo. Sí quisiera exponerlos en Málaga con motivo de un homenaje que se le dé a Velázquez».

Se embarcó en Málaga

En su opinión, hay un motivo que justifica este pretendido homenaje: «Velázquez pasó por Málaga en mayo de 1649. En nuestro puerto se embarcó para Italia», apunta, apoyando su explicación en uno de los muchos libros que tiene sobre este pintor del barroco español. Salvador saca de carpetas fotomontajes con gallardetes colgando de edificios y de farolas con el anuncio de la exposición de las copias de Velázquez.

En su estudio son habituales el vicario Antonio Martín y el que fue director del Museo de Bellas Artes, Rafael Puertas Tricas, quien se detiene en las pinturas velazqueñas y en otras de pintores de la escuela malagueña del siglo XIX como Muñoz Degrain o Ferrandis. De éste tiene reproducido en pequeño formato el techo del Teatro Cervantes.

Salvador Cobos es todo simpatía y contagia con facilidad su optimismo. No puede quedarse un momento quieto. Enviudó en 1997 y a veces se queda pintando hasta las cuatro de la mañana en su estudio. Es socio del Ateneo y miembro de la plataforma que se creó para pedir el Bellas Artes en la Aduana. El pasado año fue nombrado, junto con Eugenio Chicano, socio de honor del colectivo Kreadores, con quienes colabora asiduamente. Aún así, la mayor parte de su tiempo se lo dedica a Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, su admirado pintor.

Texto: Antonio Roche (periodista) / Noviembre de 2006


Entrevista a Salvador Cobos Lozano

P: Salvador Cobos Lozano, el tango dice que 20 años no es nada, y, según usted, 80 tampoco, ¿cuál es su secreto? ¿alguna poción mágica?
R: Pues la clave está en no pensar en lo que queda por venir, y vivir al máximo el día a día, sin dejar de trabajar. Ese es mi secreto.

P: A los siete años intentó entrar en la antigua Escuela de Bellas Artes, actual sede del Ateneo de Málaga, ¿qué le pasó? Cuéntenos.
R: Pues que no me dejaban entrar porque era muy pequeño, la edad mínima eran los doce. No obstante, gracias a unos conocidos, pude entrar a los 8 y estar alrededor de tres años. Y recuerdo aquellos primeros años de formación como si fuera ayer, el aula en la que impartía clases de pintura el padre de Picasso, cómo nos decían, “ala, a las borriquitas”. Las borriquitas eran unos pupitres con caballete, en las que nos teníamos que montar, literalmente. Aún permanecen algunos en la Sala Picasso del Ateneo.